lunes, 6 de mayo de 2013

Literatura



El Viaje del Elefante 
José Saramago - 1922/2010 - Azinhaga-Portugal

El Viaje del Elefante fue escrito por José Saramago diez años después de haber recibido el Premio Nobel y al término de una grave enfermedad que casi lo llevó a la muerte. Estas son mis reacciones a la lectura de este libro que me gustó y  me entretuvo mucho, hasta me hizo reír cuando nada me daba alegría en esos días. Nunca más podré mirar de la misma manera a un elefante con su guía.

Sin ser un relato histórico, en esta novela encontramos una entretenida descripción de la época en que se desarrolla el viaje del elefante Salomón y su cornaca Subhro. Con ellos recorrimos Portugal, España, Italia, Suiza, Austria, y se pueden apreciar las relaciones sociales y  las dificultades ligadas a las condiciones de vida, además de las peripecias que resultan del traslado de un elefante de cuatro toneladas por villorrios, caminos aldeanos y montañosos de la Europa a mediados del siglo XVI.

        En la obra se puede apreciar una prosa extraordinariamente amena e irónica, llena de imaginación que nos permite acceder a todo tipo de situaciones complejas, graves, banales, descritas magistralmente y seguir a los personajes por todo el trayecto.  El lector adhiere sin reservas a esta historia que destaca dos relatores – el autor y el cornaca-. Saramago entretiene al lector con la  descripción de situaciones aparentemente simples, a partir de un hecho anodino,  las que dejan sin embargo una reflexión profunda. De igual manera, el autor se aproxima al tema del poder a través de hechos y situaciones anodinas. Sorprende observar que los nombres propios y los títulos están escritos con minúsculas. El vocabulario utilizado por Saramago es particularmente rico y revelador, encontré muchas palabras que no conocía y/o había olvidado.
 
Los personajes son particularmente atractivos, a través de ellos se percibe la sensibilidad política y religiosa de Saramago. El Elefante terminó siendo humanizado, a veces se siente su compasión, su miedo. El cornaca es inteligente, sutil y resulta terriblemente simpático. Los militares no siempre son obtusos, a veces parecieran dotados de algún grado de inteligencia. Los aristócratas son siempre distantes, dominadores y discriminadores.  Los curas, como a menudo se puede apreciar en la obra de Saramago, son inescrupulosos y autoritarios.  El pueblo se percibe humilde, sometido, utilizado por el poder y siempre dispuesto a disfrutar de las cosas simples de la vida.
María Teresa Aquevedo- Santiago, Enero 2011

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